sábado, 21 de noviembre de 2009

El silencio

Aún se despierta a veces, no es cierto? Se despierta en la oscuridad y oye el grito de los corderos. Y cree que si salva a la pobre Catherine, eso hará que dejen de gritar, ¿no es cierto? Cree que si Catherine vive, no se despertará en la oscuridad nunca más con el horrible grito de los corderos (Hannibal Lecter- "El Silencio de los Inocentes").

25 de Noviembre, día de la no-violencia contra la mujer. Circulan volantes que invitan a un plantón en la puerta del Congreso. Hay una invitación a entrar al Congreso y escuchar los discursos de las parlamentarias. Día de bulla, palabras en voz alta, ¿palabras?
Cada día ingreso a este blog con la pregunta: ¿Alguien habrá dejado un comentario? ¿alguien escribió algo? Dialogar, recibir en letras la respiración de nuestros semejantes, ¡ah, qué placer! Miro los indicadores y me avisan que hubo visita, pero también hubo silencio. ¿Silencio?
En "El Silencio de los Inocentes", ese extraño thriller donde el héroe es un psiquiatra antropófago, el Doctor Lecter le dice a la investigadora que en el dolor de su pasado encontrará las respuestas para su presente. ¿Y qué hay en el pasado? Un niña huérfana en casa ajena escucha en medio de la noche el grito de los corderos que son conducidos al matadero. Un grito que sólo ella escucha. Todos duermen, todos callan.
Y Clarice, la joven investigadora, esa mujer que simboliza la conciencia inocente de todos nosotros, sólo encontrará alivio cuando pueda rescatar a otra mujer -Catherine- de la trampa de aquel loco que quiere arrancarle la piel para vestirse con ella.
Muchas mujeres dedican su vida laboral a auxiliar a otras mujeres, como Clarice, la de la película. Pero ellas - abogadas, policías, protectoras, sanadoras- suelen sentirse desorientadas y frustradas porque muchas víctimas no denuncian, rechazan la ayuda que se les ofrece y regresan presurosas a la primera llamada de su ofensor ¿Qué sucede en el alma de esas inocentes y su silencio irredento?
¿Qué sucede con millones de víctimas de toda condición -mujeres, hombres, niños, jóvenes, ancianos, asiáticos, europeos, americanos, africanos- que callan en todos los idiomas, que nunca señalan con el dedo a su maltratador?
¿Qué sucede con nuestro silencio asustado, con nuestro nudo en la garganta, con nuestra tendencia a deslizarnos hacia asuntos menos estridentes, con nuestro deseo de pasar la página de una buena vez? Todos tenemos una buena razón.
Por ahora soy toda oreja

7 comentarios:

  1. Es interesante tu pregunta, pero creo que tienes que ir mas alla. Por qué es que hay violencia contra la mujer, a parte del problema ideologico, detras hay un tema economico. Mira, cuanto se ahorra el estado cuando no brinda guarderias, comedores... La mujer hace todo esto. En lo laboral, hasta ahora son las peores pagadas, y asi muchos ejemplos más. Me atrevo a decir que la opresion de la mujer y sobre todo la explotacion combiene a muchos intereses.
    Por otro lado, las mujeres que han sido maltratadas no niegan ayuda o rechazan la ayuda que se les brinda, pasa que la violencia produce todo un modificacion de nuestro psiquismo que nos va creando dependencia. Lo mejor es lo que tu dices: Escuchar, ser toda oidos, y sobre todo no cansarte de escuchar.
    Hay que salir a luchar por nuestros derechos, sí! pero hay que ver el problema lo mas profundo que se pueda.

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  2. Recuerdo la escena de Clarice a oscuras dentro de la casa del asesino, sin saber a dónde apuntar su arma, su miedo. Las políticas no bastan, los mecanismos de incidencia y movilización año, tras años, resultan ser los mismos, poco más y alguien nos dirá Feliz Día de la No Violencia. Volver a las fuentes, al pequeño grupo, a buscar nuestros dolores escondidos, la palabra callada, la angustia no dicha, la rabia contenida, y unas orejas dispuestas y lindas como las tuyas, eso creo.

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  3. Hola, buen día Zorra de Abajo

    Discrepo de Usted, en lo referente al párrafo final de su post: "...tendencia a deslizarnos a asuntos menos estridentes...".

    Es justamente la estridencia mediática la que nos imipde escuchar a los corderos que van al matadero...es ese ruido de los noticieros, lo que vela nuestra realidad...la ciudadanía, se desliza hacia la portada del periódico que grita, a la emisora de radio que hace bulla y a la imagen de TV, que salvo contadas excepciones, ofende.

    Creo que la experiencia de impunidad que a diario observamos en nuestras ciudades, contribuye también a formarnos la idea, de lo inutil que resulta, señalar al maltratador.

    Sumado a la impunidad, viene aparejado el sentimiento de admiración que despierta el impune. No son escazas las ocasiones en que se le mira como arquetipo...como el que todo lo puede...el bacán...el vivo.

    Hasta el "saber popular" generó la frase: "Más me pegas, más te quiero"...en ese término y si fuera verdad la frase, que niveles de violencia, requerirá entonces, ya no solo el querer, sino el apasionamiento.

    El tema que Usted plantea, da para largo...por ahora aquí quedo, no sin antes, ponerme evocativo y recordar mi niñez, cuando estaba en los 7 años y jugaba en las plazas de El Congreso.

    Mi tio trabajaba en el Jr. Santo Tomás, a espaldas del Congreso. Yo podía correr, saltar, cazar unos gusanitos negros que vivían en los árboles de la plaza del Congreso que da a la puerta principal y recuerdo que de cerquita no solo miraba, sino que me cruzaba con diputados y senadores...ese nombre recibían los congresistas en esa época.

    A veces, veía que llegaban manifestantes y se apostaban en la plaza, a los pies de la estatua a Bolivar. Estoy seguro que los gritos llegaban hasta los salones parlamentarios.

    Hoy, El Congreso, se ha enrejado...dicen que es seguridad. Incluso en ocasiones, se impide el tránsito peatonal por la acera que es contigua a la reja que da a la Av. Abancay.

    Entonces, con lo enrejado que está el Congreso, pues más lejano está de su población a la que debe atender...ni siquiera le llegan los gritos de plantones y manifestaciones.

    Saludos
    Carlos el baterillero

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  4. ¡Qué interesante! Hay una decisión para no escuchar ¿verdad? Mantener en silencio a los inocentes hace posible continuar con el control económico y social. Las estrategias son múltiples. Una de ellas: hacer mucha bulla. Es efectiva, claro. El dolor antiguo, el nudo en la garganta, la angustia, no son intimidades que se despieguen en exposición abierta. Las mujeres sabemos de eso cuando manejamos sutilmente los hilos de la discreción. La otra estrategia de silenciamiento es la del sordo, que instala cien controles para que los gritos no se escuchen. Y es ese el momento en que las mujeres necesitamos un apoyo activo, un hombro firme, una voz segura, un abrazo.

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  5. desconfiamos de nosotras mismas... miedo a equivocarse... a que se burlen...

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  6. miedo.... al ridiculo...

    no confío en mis opiniones...

    miedo a equivocarme.... a ser tonta...

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  7. Insólito que el personaje literario Hannibal Lecter tenga mayor sensibilidad y apertura a la escucha que nuestros congresistas.

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