Salieron unos bailarines semidesnudos, con sus atuendos de semillas, plumas y telas bordadas, interpretando una danza desbordante de sexualidad. Iban a "circuncidar" a la joven elegida, así lo dijo el locutor. Mientras, una mujer con cuchillo en la mano sacudía los cabellos en movimiento de trance, se formó un círculo de hombres que saltaban con sus lanzas formando corralito, en torno a una bellísima chica desnuda, las mujeres hacían otro círculo afuera. La chica se alocó y quería escapar, no la dejaban, ella dio saltos cada vez más grandes, más violentos, en cualquier momento rompería el cerco. Hasta que ingresó el "brujo" bailarín, la tiró al suelo de un golpe, se montó encima de la futura Santa , la agarró de los cabellos y le dió (artísticos) golpes para desmayarla. Lo logró. A mi alrededor, la muchachada estaba muda, sin aire. El locutor rompió el momento para decir, desde su omnipotencia microfónica "aplausos señores"... ¡Y la gente aplaudía! Aplaudían, aplaudían, aplaudían, mientras a mí se me salían las lágrimas.
Exánime, vencido, el cuerpo de la mujer fue el centro de muchos más saltos y danzas catárticas, hasta que la hechicera del trance entró al círculo. La futura Santa Cocama aún hizo un débil intento de defenderse antes que el cuchillo rasgara muchas veces el aire, simbolizando el corte de su clítoris. Ella no conocería ya, los gozos de esa parte de su cuerpo. Desmayo total de la doncella, saltos frenéticos de la hechicera-castradora, celebración sensual de los bailarines, apla
